¿Cómo detectar si mi hijo es víctima de bullying o acoso escolar?

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Cuando se trata de intimidación, muchos niños nunca dicen una palabra. No sólo se lo ocultan a sus amigos, sino que rara vez se lo dicen a los adultos en sus vidas, incluyendo a sus padres, pero, ¿Cómo detectar si mi hijo es víctima de bullying o acoso escolar?.

En cambio, a menudo sufren en silencio, lo que permite que la intimidación se intensifique. Aunque este hecho puede ser confuso para los adultos, tiene mucho sentido para una persona joven.

La intimidación es vergonzosa y dolorosa para los niños. Estas emociones se agravan cuando le dicen a otra persona que está siendo intimidado(a).

También cuando cuentan lo que pasó, pueden sentir que están reviviendo la intimidación. Además, pueden preocuparse de que otros estén de acuerdo con el acosador o crean que se merecen el tratamiento.

Los niños a veces se preocupan de que contárselo a alguien sólo empeorará la situación. Y en algunos casos, esto puede ser cierto.

Las represalias son un riesgo muy real cuando se trata de intimidación. Y tercero, los niños pueden temer que sus padres u otros adultos se decepcionen con ellos. En lugar de culpar al intimidador por la intimidación, a menudo cargan con la culpa.

El bullying puede ser sexual, cuando existe un asedio, inducción y abuso sexual; puede tratarse de una exclusión social cuando se ignora, se aísla y se excluye al otro; puede ser psicológico, cuando existe una persecución, intimidación, tiranía, chantaje, manipulación y amenazas al otro; y puede ser físico, cuando se golpea, empuja o se organiza una paliza al acosado.

El acoso escolar tiene como escenario los centros educativos. Como se trata, en su mayoría, de un acoso invisible para los adultos, los profesores difícilmente tendrán conocimiento de lo que está sucediendo a través de los padres.

El agresor acosa a la víctima en los baños, en los pasillos, en el comedor, en el patio, reservando sus acciones durante la ausencia de mayores. En algunos casos, el acoso sobrepasa las paredes del colegio, pasando a ser telefónico e incluso por correo electrónico.

Es importante que los padres mantengan siempre una comunicación positiva y abierta con sus hijos, y con el colegio, de esta forma, conseguiremos que los niños se sientan más seguros y puedan contar a sus adultos de referencia lo que les está pasando.

No obstante, conviene que estemos atentos si detectamos algunas de estas señalas en nuestros hijos:

1 Cambios en su comportamiento.

2. Cambios de humor, tristeza o irritabilidad.

3. Trastorno en el sueño, le cuesta más dormir y suele tener pesadillas.

4. Cambios en los hábitos alimentarios: comen compulsivamente, o les falta el apetito

5. Presentan síntomas psicosomáticos. Frecuentemente tienen dolores de tipo somático como dolor de cabeza o de tripa sin una causa orgánica que lo justifique.

6. Presentan señales físicas. Vigilemos en el caso de que aparezca de forma frecuente con golpes, o rasguños y diga que se ha caído.

7. Rechazo continuado al colegio. Cuando verbalice que no quiere ir al colegio, una y otra vez, especialmente en las tardes de los domingos.

8. Presenta problemas para relacionarse y se aísla. El niño protesta para no acudir a las excursiones o visitas culturales, no quiere relacionarse con sus compañeros y quiere ir acompañado a la entrada y a la salida del colegio.

9. Cambios en su rendimiento escolar. El niño puede empezar a desinteresarse por los estudios. Le faltará no solo interés como también concentración y atención.